Noche sin Luciérnagas.

¿Será el frío que adormece los pies?
¿Será el llanto de un pequeño e indefenso bébe?
¿Será que en este encuentro conmigo misma,
me encontré con la soledad?

Y ella, me abrazo.
A media noche, junto con el pasado,
la ausencia del ausente,
y el hueco vacío del sonido de una risa
que sólo hace eco en un recuerdo.

No es que tropiece y haya errado,
la lucha sigue en pie,
pero el pasado es pasado,
y no se puede olvidar,
sólo es ella, soledad,
que recrimina todo sin chistar.

Y si digo la verdad,
que a veces aún te hecho de menos,
que todos los días pienso en tí,
que me armo de valor y de una voluntad infinita
para no ir a ti,
ni a buscar si quiera tu nombre,
por lejano o cercano,
cerré los ojos para no verte,
para ya no sufrir,
para no verte partir.




A medias o cómo quieras, estas letras disueltas se pegan aquí, a la noche sin luciérnagas, una de pocas, por siempre sin tí.