
Podría ser cualquiera y no tan cualquiera. Tendrá que ser un encuentro, amigo de un amigo, turista, viajero o sedentario, de un lugar lejano y desconocido, o aquél que ha pasado un rato, viviendo su vida a la par de la nuestra, casi a un lado y, paralelamente. Tendrá que ser una mirada inesperada, que hable sin palabras, que indique el camino hacia un nuevo horizonte. Será ese fugaz y eterno instante, el que nade en un mar de preguntas; Cómo te llamas, qué color prefieres, el día o la noche, blanco o negro, helado favorito, postre, estación del año, mes, día de la semana... Pero aún más esencial: qué te hace reír, qué te hace llorar, con qué sueñas, a dónde vas, qué te susurra el viento, qué aroma expide tú cuerpo, qué te apasiona, tú corazón es noble o malvado, tímido o abierto, moralista o autónomo, qué jamás quisieras perder, cómo ríes, cómo sueñas, cómo miras, cómo hablas, de qué hablas, qué amas y cómo amas...; que quizás signifique nada o quizás, todo. Y todo esto porque buscamos lo mismo que los otros, un encuentro que se vuelva un horizonte hacia la felicidad. Bárbara Camacho Ruedas..
Pintura de Erika Somogyi