Nadie lo esperaba, ni la luna que esa noche brillaba. Ni el grupo en la celebración que tocaba canciones, con las que la gente movía las caderas, y bailaba al son de la orquesta. Tus ojos brillaban, sucedían esas miradas mutuas que se encontraban unas a las otras y transmitían la dicha. Nacía con ellas, una ilusión, un sentimiento, algo para compartirse. Solo para dos.
Esa noche mi ansiedad iba a morir, sino se posaba en tu boca para creer que la espera no era en balde. Y que era verdad que entre nosotros algo podría hacernos volar.
Era tu compañía, tus actos de noble caballero. Tú haciendo todas esas cosas que nadie antes había hecho. Con las que rompías mis escudos de auto dependencia, de persona que se hace fuerte e independiente tras estar sola por tanto tiempo.
Hablabas de cosas simples. Te miro de reojo, cínicamente, tú no te das cuenta. Pero yo te miro, trato de captar tus gestos, la expresión en tu rostro ante cualquier situación, y conocer como sientes. Conocer que pasa dentro de ti, que provoca la gente, el mundo, la belleza, la tristeza, el estupor, la indignación, la frustración, la dicha, la complacencia, la felicidad, el amor.
Bailábamos, cerca, muy cerca. Para ir a la pista me tomabas de la mano. Regresábamos a la mesa abrazados. En un instante ese abrazo llego inesperado, antes de que me di cuenta ya te estaba soltando. Y así otra vez. Platicábamos, reíamos, nuestros pasos se coordinaban con la música.
La fiesta termino, salimos, te di mi bolso. Tu mirada cambio, no era igual, no era como antes. Ni tu sonrisa. Nos recargamos en uno de los autos, mientras esperábamos el valet. Deje caer mi cabeza sobre tu hombro, abriste los brazos. Acariciabas mi cabello. El alcohol hizo efecto. Tus padres se dieron cuenta. No permitieron que manejaras.
Así es que tu hermano se fue de piloto, su novia a un lado. Nosotros atrás. Me metí, te metiste. Me miraste, abriste los brazos. Me acerqué a ti. Tocabas mi cabello, me abrazabas fuerte. No sé como, nuestras bocas se tocaron. Tu hermano hablo, nos separamos. Nos abrazamos con más fuerza, tome tu mano, la enlace a la mía con mucha fuerza, para transmitirte lo que sentía, lo que era estar ahí a tu lado, esa noche, después de tanto tiempo. Ya para la vuelta de la avenida, después de las especificaciones, te viraste, con lo cual me viré, nos besamos.
El camino se hizo más pequeño entre tus brazos, con tus manos, acariciándome, fuerte, muy fuerte, mirándome. Tu acercándome a ti, a tu boca, a quedarme en ella, a tomar la mía con fuerza, lo más cerca que el espacio permitiera. Fue fantástico, fuerte, apasionado (mucho) suave, intenso, no tengo palabras para describirlo, sólo lo sentí así, así tan magnifico, estar posada en ti.
Ocurrido la madrugada del 29 de abril de 2mil7.
Esa noche mi ansiedad iba a morir, sino se posaba en tu boca para creer que la espera no era en balde. Y que era verdad que entre nosotros algo podría hacernos volar.
Era tu compañía, tus actos de noble caballero. Tú haciendo todas esas cosas que nadie antes había hecho. Con las que rompías mis escudos de auto dependencia, de persona que se hace fuerte e independiente tras estar sola por tanto tiempo.
Hablabas de cosas simples. Te miro de reojo, cínicamente, tú no te das cuenta. Pero yo te miro, trato de captar tus gestos, la expresión en tu rostro ante cualquier situación, y conocer como sientes. Conocer que pasa dentro de ti, que provoca la gente, el mundo, la belleza, la tristeza, el estupor, la indignación, la frustración, la dicha, la complacencia, la felicidad, el amor.
Bailábamos, cerca, muy cerca. Para ir a la pista me tomabas de la mano. Regresábamos a la mesa abrazados. En un instante ese abrazo llego inesperado, antes de que me di cuenta ya te estaba soltando. Y así otra vez. Platicábamos, reíamos, nuestros pasos se coordinaban con la música.
La fiesta termino, salimos, te di mi bolso. Tu mirada cambio, no era igual, no era como antes. Ni tu sonrisa. Nos recargamos en uno de los autos, mientras esperábamos el valet. Deje caer mi cabeza sobre tu hombro, abriste los brazos. Acariciabas mi cabello. El alcohol hizo efecto. Tus padres se dieron cuenta. No permitieron que manejaras.
Así es que tu hermano se fue de piloto, su novia a un lado. Nosotros atrás. Me metí, te metiste. Me miraste, abriste los brazos. Me acerqué a ti. Tocabas mi cabello, me abrazabas fuerte. No sé como, nuestras bocas se tocaron. Tu hermano hablo, nos separamos. Nos abrazamos con más fuerza, tome tu mano, la enlace a la mía con mucha fuerza, para transmitirte lo que sentía, lo que era estar ahí a tu lado, esa noche, después de tanto tiempo. Ya para la vuelta de la avenida, después de las especificaciones, te viraste, con lo cual me viré, nos besamos.
El camino se hizo más pequeño entre tus brazos, con tus manos, acariciándome, fuerte, muy fuerte, mirándome. Tu acercándome a ti, a tu boca, a quedarme en ella, a tomar la mía con fuerza, lo más cerca que el espacio permitiera. Fue fantástico, fuerte, apasionado (mucho) suave, intenso, no tengo palabras para describirlo, sólo lo sentí así, así tan magnifico, estar posada en ti.
Ocurrido la madrugada del 29 de abril de 2mil7.