Lo pienso, y te lo diré.



Ya había escuchado en el viento
tu suave aleteo
y ya sabía bien yo
que buscándote
no te iba a encontrar.

Caminé en un sendero sin dirección alguna
y sin quererlo creer, tú eras el puerto a arrivar,
pero, era cierto,
fuíste mención de un efímero ensueño,
deseo postergado para el final del camino
y yo, a la mitad de éste,
quería encontrarte.


Te extrañe sin extrañarte
te envolví en mi, aún sin tenerte.
Te besé, de pura suerte

Amar sin amar,
aprender a olvidar
y el consuelo es una taza tibia de café.

Qué fugaz fue éste encuentro,
y adivinar en tus ojos
que tú mundo está abierto
a mis pies, a mis manos,
a mis deseos, a mis sueños,
a mi futuro,
y no sólo a mis labios.


Por éso suspiro en silencio,
y callo,
guardo el silencio
de llevarme a la tumba esta historia.


Así te digo adiós
y al hacerlo, se dibujan en mi interior
la sonrisa que siempre me regalas,
tu beso suave pegado a mi,
tu insistencia y descaro
tú queriendo intentarlo
y tú negado a hacerlo.

Adivino las razones
las entiendo,
me dan ganas de compadecerme,
me arrepiento de hacerlo.


Me preparo para verte
y ser fuerte a tí
no responder ni con los ojos,
ni con la boca
no decir palabra alguna que continue
la incoherencia de éstas letras,
de tratar de atrapar lo inatrapable.


Tú.

.....................................
Bárbara Camacho Ruedas


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