En el pupitre


De repente en mi vida, la inquietud se me escapa como un amor de verano. Me reservo a quedarme sentada en el pupitre mirando sin mirar, observando y fijando la vista en un punto que en la realidad presente, no existe. Me acurrucó en ese lugar tan incómodo y pequeño, apoyando los pies en alto sobre el asiento de enfrente.

Pienso a veces en aspectos relevantes, otros tantos sólo me pierdo en recuerdos y otras más idealizo, sueño. A veces leo un libro, escribo en mi diario, hago trazos que forman dibujos en un papel. Se recitan canciones en mi mente.

Creo que en mi trancé a veces la gente teme distraerme. Por que nadie en mi grupo me ha tratado realmente, ni mucho menos podría decir que me conoce. Adelantarme a decir que piensan que soy rara, podría ser. Y eso sí; me enervó con facilidad. Pero ninguna razón tendría para enfadarme sólo por que alguien sugiriera que volviera en mi misma, cuando me pierdo en una inmensidad dentro de un aula, de apenas tres por tres metros de longitud.
Se hicieron las nubes para mirarte por fin
En atardeceres precoces que se desnudan al alba
En el ocaso, en el brillo del sol
En la luz de tus ojos.

Existe la fe, el sueño es volar
Deslizarse en el aire, tomado de tu mano.
Cerrar los ojos, y mirarte a ciegas,
En un cuarto a obscuras.
O tal vez en un pantano
Que hasta la cosa más tenebrosa,
Brilla a tu lado, mientras ríes.

Tocarte los sueños, los desvelos, los deseos.
Sentirte en la arena, en la mar,
en todo lo que mis manos sean capaces de tocar.

Es una ilusión, el reflejo en el agua,
las ondas que deja la piedrecilla al caer
Es tú boca, tus ideas, tú risa,
todo lo que eres y no eres
Es todo el mundo,
que se compacta para quedarse en tu cuerpo
Y convertirse en todo, en todo,
y ser todo el mundo, para mí,
sólo tú.
Nadie lo esperaba, ni la luna que esa noche brillaba. Ni el grupo en la celebración que tocaba canciones, con las que la gente movía las caderas, y bailaba al son de la orquesta. Tus ojos brillaban, sucedían esas miradas mutuas que se encontraban unas a las otras y transmitían la dicha. Nacía con ellas, una ilusión, un sentimiento, algo para compartirse. Solo para dos.

Esa noche mi ansiedad iba a morir, sino se posaba en tu boca para creer que la espera no era en balde. Y que era verdad que entre nosotros algo podría hacernos volar.

Era tu compañía, tus actos de noble caballero. Tú haciendo todas esas cosas que nadie antes había hecho. Con las que rompías mis escudos de auto dependencia, de persona que se hace fuerte e independiente tras estar sola por tanto tiempo.

Hablabas de cosas simples. Te miro de reojo, cínicamente, tú no te das cuenta. Pero yo te miro, trato de captar tus gestos, la expresión en tu rostro ante cualquier situación, y conocer como sientes. Conocer que pasa dentro de ti, que provoca la gente, el mundo, la belleza, la tristeza, el estupor, la indignación, la frustración, la dicha, la complacencia, la felicidad, el amor.

Bailábamos, cerca, muy cerca. Para ir a la pista me tomabas de la mano. Regresábamos a la mesa abrazados. En un instante ese abrazo llego inesperado, antes de que me di cuenta ya te estaba soltando. Y así otra vez. Platicábamos, reíamos, nuestros pasos se coordinaban con la música.

La fiesta termino, salimos, te di mi bolso. Tu mirada cambio, no era igual, no era como antes. Ni tu sonrisa. Nos recargamos en uno de los autos, mientras esperábamos el valet. Deje caer mi cabeza sobre tu hombro, abriste los brazos. Acariciabas mi cabello. El alcohol hizo efecto. Tus padres se dieron cuenta. No permitieron que manejaras.

Así es que tu hermano se fue de piloto, su novia a un lado. Nosotros atrás. Me metí, te metiste. Me miraste, abriste los brazos. Me acerqué a ti. Tocabas mi cabello, me abrazabas fuerte. No sé como, nuestras bocas se tocaron. Tu hermano hablo, nos separamos. Nos abrazamos con más fuerza, tome tu mano, la enlace a la mía con mucha fuerza, para transmitirte lo que sentía, lo que era estar ahí a tu lado, esa noche, después de tanto tiempo. Ya para la vuelta de la avenida, después de las especificaciones, te viraste, con lo cual me viré, nos besamos.

El camino se hizo más pequeño entre tus brazos, con tus manos, acariciándome, fuerte, muy fuerte, mirándome. Tu acercándome a ti, a tu boca, a quedarme en ella, a tomar la mía con fuerza, lo más cerca que el espacio permitiera. Fue fantástico, fuerte, apasionado (mucho) suave, intenso, no tengo palabras para describirlo, sólo lo sentí así, así tan magnifico, estar posada en ti.

Ocurrido la madrugada del 29 de abril de 2mil7.