Cubierta la noche con su vestido índigo
levanta los brazos, ese viento abatido.
Los pasos silenciosos que cruzan esta vereda
la mirada hacia el cielo,
intentando encontrar respuestas.
No me queda más que la fe,
de esta noche silenciosa.
A cada paso,
me abraza solamente la lluvia.
Un cabello enmarañado,
no cae de prisa quien se da el tiempo
de sonreírse a si misma.
Pintar un manto de colores vivos,
sobre las cenizas de una tristeza
hace años olvidada.
Recuerdos, y pensamientos
que abren las alas
a un futuro cercano.
La música, el cine,
todo parece una maravilla
en este cielo azul celeste.
En este ir y pasar de la gente,
voy soñando con las cosas que en realidad..
ya estoy planeando comenzar.
Sueña porque los sueños son
segundos envueltos en algodones de azúcar,
en ese tiempo imperfecto
puede ocurrir que inesperadamente
encuentres la felicidad,
y descubras por vez primera,
el lugar a donde vas.
Dicen que soñar no cuesta nada, y sí, cuesta tiempo. Ese que gastamos en soltar carcajadas, lágrimas, besos, abrazos, y más. Soñar es un acto que predica universalidad, en su raíz parece ser el único que de verdad es equitativo, pues niños, o viejos, pobres o ricos, religiosos y ateos, podemos soñar. Ni si quiera la libertad tiene está característica. Bien, yo sólo me he dado cita para escribir una noche como esta en la que soñe que me inspiraba.
Bárbara Camacho Ruedas.
levanta los brazos, ese viento abatido.
Los pasos silenciosos que cruzan esta vereda
la mirada hacia el cielo,
intentando encontrar respuestas.
No me queda más que la fe,
de esta noche silenciosa.
A cada paso,
me abraza solamente la lluvia.
Un cabello enmarañado,
no cae de prisa quien se da el tiempo
de sonreírse a si misma.
Pintar un manto de colores vivos,
sobre las cenizas de una tristeza
hace años olvidada.
Recuerdos, y pensamientos
que abren las alas
a un futuro cercano.
La música, el cine,
todo parece una maravilla
en este cielo azul celeste.
En este ir y pasar de la gente,
voy soñando con las cosas que en realidad..
ya estoy planeando comenzar.
Sueña porque los sueños son
segundos envueltos en algodones de azúcar,
en ese tiempo imperfecto
puede ocurrir que inesperadamente
encuentres la felicidad,
y descubras por vez primera,
el lugar a donde vas.
Dicen que soñar no cuesta nada, y sí, cuesta tiempo. Ese que gastamos en soltar carcajadas, lágrimas, besos, abrazos, y más. Soñar es un acto que predica universalidad, en su raíz parece ser el único que de verdad es equitativo, pues niños, o viejos, pobres o ricos, religiosos y ateos, podemos soñar. Ni si quiera la libertad tiene está característica. Bien, yo sólo me he dado cita para escribir una noche como esta en la que soñe que me inspiraba.
Bárbara Camacho Ruedas.