En el pupitre


De repente en mi vida, la inquietud se me escapa como un amor de verano. Me reservo a quedarme sentada en el pupitre mirando sin mirar, observando y fijando la vista en un punto que en la realidad presente, no existe. Me acurrucó en ese lugar tan incómodo y pequeño, apoyando los pies en alto sobre el asiento de enfrente.

Pienso a veces en aspectos relevantes, otros tantos sólo me pierdo en recuerdos y otras más idealizo, sueño. A veces leo un libro, escribo en mi diario, hago trazos que forman dibujos en un papel. Se recitan canciones en mi mente.

Creo que en mi trancé a veces la gente teme distraerme. Por que nadie en mi grupo me ha tratado realmente, ni mucho menos podría decir que me conoce. Adelantarme a decir que piensan que soy rara, podría ser. Y eso sí; me enervó con facilidad. Pero ninguna razón tendría para enfadarme sólo por que alguien sugiriera que volviera en mi misma, cuando me pierdo en una inmensidad dentro de un aula, de apenas tres por tres metros de longitud.