Viento

Viento, ¿en dónde estás que no te miro?
Tómame, con tú fuerte ráfaga de aire,
con tú invisible presencia que se expande.

Viento, ¿en dónde estás que no te miro?
Muérdeme el alma, disuelve mi sin sentido,
que no te miro y no te encuentro,
arrácame la fortaleza de los huesos,
la certeza de mis ecos internos.

Viento, ¿en dónde estás que no te miro?
devuélveme los días sin cobijo,
las noches de tristeza, ¡devuélvemelas!

Viento, que te has ido, dejándome en el limbo sin respuesta
donde todo da miedo y nada asusta.

Viento, destruye con tu violento abrazo
la fuerza que construyó el dolor a su paso
pues es ahora enemigo, de mi voz sin sentencia.

Viento, mírame, abrázame
que no hay olvido, ni felicidad que alcance
a negarse en esta cuesta, donde la suerte fue echada
y en el campo, del otro lado, se sabe las flores crecen
y las plantas reverdecen.

Viento, sé que me susurras, y me miras
que borraste las heridas
las aflicciones y las dudas.

Viento, en tus brazos de ángel,
de estrella fugaz insaciable,
dejo mi destino errante.

Viento, la respuesta está en la cuesta,
te grito, porque quería perderme en lo incierto,
y en mi mente no hay más que fanqueza.

Es mi debilidad y flaqueza,
que suplican abrazadas a lo increíble,
es por ello que te grito, y me contestas,
lo que yo ya tengo por bien sabido.

Viento, con tu ráfaga de pureza,
me abraza la incesante brisa de la vida
y de la fuerza.

Viento, que me miras y no te miro.
En secreto nos hemos dicho,
lo que en voz ni en letras no se ha dicho.

Bárbara Camacho Ruedas

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