Una salida...*
Bárbara
Escrito en Julio 2008
*El título está inspirado en una canción muy ad hoc al texto: Una salida de Carla Morrison.
Sueña...
levanta los brazos, ese viento abatido.
Los pasos silenciosos que cruzan esta vereda
la mirada hacia el cielo,
intentando encontrar respuestas.
No me queda más que la fe,
de esta noche silenciosa.
A cada paso,
me abraza solamente la lluvia.
Un cabello enmarañado,
no cae de prisa quien se da el tiempo
de sonreírse a si misma.
Pintar un manto de colores vivos,
sobre las cenizas de una tristeza
hace años olvidada.
Recuerdos, y pensamientos
que abren las alas
a un futuro cercano.
La música, el cine,
todo parece una maravilla
en este cielo azul celeste.
En este ir y pasar de la gente,
voy soñando con las cosas que en realidad..
ya estoy planeando comenzar.
Sueña porque los sueños son
segundos envueltos en algodones de azúcar,
en ese tiempo imperfecto
puede ocurrir que inesperadamente
encuentres la felicidad,
y descubras por vez primera,
el lugar a donde vas.
Dicen que soñar no cuesta nada, y sí, cuesta tiempo. Ese que gastamos en soltar carcajadas, lágrimas, besos, abrazos, y más. Soñar es un acto que predica universalidad, en su raíz parece ser el único que de verdad es equitativo, pues niños, o viejos, pobres o ricos, religiosos y ateos, podemos soñar. Ni si quiera la libertad tiene está característica. Bien, yo sólo me he dado cita para escribir una noche como esta en la que soñe que me inspiraba.
Bárbara Camacho Ruedas.
About to God...
Cree en sí mismo, en su fuerza, su voluntad. Cree en que las personas tienen el poder de hacer que las cosas pasen y no. Y por supuesto para aquellas cuestiones que nos superan, sólo puedo decirme a mi misma: Así es la vida, una frase que alguien hace poco me dijo, con la que concordé completamente pues la otra respuesta era, porque así Dios lo quiso.
Me rehúso a ser la idea de un ente superior, me resta libertad. La forma en que la gente lo cita. Cuando muere alguien: ¡No, Dios! ¿Por qué te lo llevaste? Cuando terminan de comer en mi familia acostumbran decir: Gracias a Dios, y yo digo en determinados casos: Gracias a tal que hizo de comer tan rico, gracias a tal que hizo tal cosa para que estuvíeramos aquí. Cuando dejan el destino en manos de Dios, y dicen: Sí Dios quiere. Pero me diría un amigo: Nos vemos mañana, sí Dios quiere y sino también.
Qué mal que por cederle un agradecimiento a Dios, se les olvidé dar el agradecimiento a la persona que de verdad lo merece. Se nos olvida que, nosotros somos los que hacemos que las cosas pasen.
Ya sé que tenemos esa necesidad de dar respuesta a todo, pero cuando la respuesta es: Dios así lo quiso, Dios ésto, Dios bla, bla, bla; todo se queda igual sin respuesta, es sólo una forma conformista de no pensar.
No sé sí Dios existe o no. Hasta el momento nada me ha hecho creer que sí. Y sí, antes de entrar a mi etapa ceceachera creía que existía incluso lo citaba en mis diarios, y rezaba en las noches. Pero llegó un punto de mi vida en donde cada acto me pidió una respuesta, y al preguntarme si debía creer en Dios, nada fue lo suficientemente sólido como para sostenerme esa creencia. Nada, pues aunque mi madre pretendió hacerme católica, la religión y sus reglas se refutaron así mismas, defraudándome con su incoherencia.
Entonces, libre de ideas superiores, y para no perder el piso ni el sentido de mi vida. Decidí creer en mi misma, pues aunque puedas creer en las personas, ellas son complicadas como para cederles las riendas de tú vida. Lo mejor que uno puede hacer por sí mismo, es creer, creer que puede ser lo que quiere ser, hacer las cosas que quiere hacer.
Creer en tí mismo, te da dos resultados, decepcionarte cuando te fallas, alegrarte cuando sabes que eres lo que quieres ser y vas a hacia donde quieres ir. Lo bueno es que cuando te decepcionas puedes rectificar.
Pero la fe en ti mismo no se trata de un concepto egoísta en mi caso, porque después de todo también soy un ser humano.
Sí Dios existe: He decidido verlo en los ojos de la gente, en sus necesidades, en sus sueños, en sus anhelos, en sus ilusiones, en sus recuerdos, en sus esperanzas. Para mi Dios no existe más allá de la breve existencia del hombre, pues es éste el único capaz de comprender semejante concepto.
Bárbara Camacho.
Subraye las palabras adecuadas.
Que sea para siempre.
El intruso en mi cabeza.
la gente no se ha dado cuenta,
¿Ves aquella foto?
Estabas en mi cabeza.
Caminas en mi mente,
eres un caminante profesional.
Los instantes a tu lado
me acosan y me persiguen.
He intentado dormir.
¡Eres tan amable!
Porque en el ensueño
vienes a darme las buenas noches.
Pareces tan leal,
tan atento en todo momento,
tu sonrisa repetida
me está intentando engañar.
¿Qué haces al pie de la cama?
Juro recordar el beso de despedida
que te dí en el parque,
mientras me coqueteabas sin final.
¿Le haz contado a los demás,
que cuando no tienes nada que hacer,
a mi alcoba mental, te vienes a sentar?
No, otra vez, no
tu sonrisa repetida,
me está intentando enamorar.
¿Acaso no te cansas,
de sonreír, de caminar?
¿Por qué no te duermes?
Tal vez así,
me dejes descansar.
Ése temblor en mis piernas
no fue normal.
Habías estado todo el tiempo en mi cabeza.
Más ahora estás de frente,
parece que tampoco de aquí te irás.
Ya lo veo venir,
te irás conmigo en el reflejo del lago,
tomando mi mano,
hablando de las cosas que te gustan,
poniendo a prueba mis perspectivas.
La noche nos encontrará lejanos,
dispersos,
atrapados en el letargo recuerdo
del primer beso,
porque ésto que escribo sin medida
es tu sonrisa repetida
ya que, lo confieso,
no te dejo de pensar.
Bárbara
De alguna forma las letras arriba me causan gracia. Enamorarse es divertido pero cuando una persona se apodera de tus pensamientos sin poderlo evitar te frustra en medio del encanto, no soy la única y de las mil y un formas para decirle a alguien que está ocupando un lugar en nuestra vida, ésta me parece sumamente romántica y cursi, jajaja.
Para andar.
por dentro guardo secretos
para contartelos
no tengo que hablar.
Quiero conocerte,
saber que existes en mi mundo
aunque sigas caminando por el tuyo.
Bésame
tengo esta sed de tu boca
que me consume
cual ansia loca.
Tócame,
soy real, puedo ser discreta,
callar cuando tenga que hacerlo.
Puedo ser tu amiga,
tu confidente
y la mejor de tus amantes.
Pero debes tener fe,
podemos ser una realidad.
Escúchame,
y escucha tu interior,
estas bocas que se encuentran
se quieren saciar hasta la infinidad.
Cierra los ojos,
las cosas que yo puedo aprender de ti,
son tantas y habrá tiempo de sobra,
sólo tienes que confiar
que creer.
Sólo tienes que dar un paso al frente,
para juntarte con el mío,
andaremos juntos por el mar,
por la obscuridad,
sin temor a perdernos,
pues nos acabamos de encontrar.
Un amor que se posterga.
al filo de las aceras,
allí en los parques
se susurran secretos para dos.
Soy el caminante
que para no hartarse en la espera
se pone a caminar.
A ver si en el camino
te llego a encontrar.
Me abraza el silencio de mis sueños
de las cosas por terminar
y de las cosas por comenzar,
¡claro! para no caer en la locura
sigo mi vida y le apuesto a todo
sin pensar.
Liberarme de mi misma, para irte a buscar
sin tener a mi consciencia mordiendo
mi impaciecia,
ni reclamando mi ingenuidad.
Te espero sin que lo sepas,
sin decirlo, sin compartirlo,
que cuando dejo de ser yo misma
se asoma mi necesidad de tí
y entonces, así en medio del camino
en el que te volví a encontrar
te beso,
como siempre y realmente,
como nunca,
con mi ansia de tenerte,
y de esperarme para ser la mujer perfecta.
No es que sea fácil
es que eres mi debilididad.
Las esperanzas y los sueños
que se depositan en un beso
a veces son tantos,
pero al terminar,
todo parece volver a empezar.
Cenicienta buscando su zapato.
Indefinido.
tus huellas serán borradas por un viento mezquino.
Hoy te encontrarás contigo mismo
siendo quien siempre has sido,
con el golpe de asombro de quien debe aceptarlo.
Yo te reconocí aveces,
pero aquí entre el recuerdo de las fotos que borré,
te desconocí.
Un extraño que pasó a mi vida
tomó su asiento,
decoró una habitación con su sonrisa,
y le dió calidez con sus besos.
Pero, ¡vaya! Un extraño más
de ésos que caminan a mis costados,
por las aceras de la calle,
son tantos, y tantos.
