Viento, ¿en dónde estás que no te miro?
Tómame, con tú fuerte ráfaga de aire,
con tú invisible presencia que se expande.
Viento, ¿en dónde estás que no te miro?
Muérdeme el alma, disuelve mi sin sentido,
que no te miro y no te encuentro,
arrácame la fortaleza de los huesos,
la certeza de mis ecos internos.
Viento, ¿en dónde estás que no te miro?
devuélveme los días sin cobijo,
las noches de tristeza, ¡devuélvemelas!
Viento, que te has ido, dejándome en el limbo sin respuesta
donde todo da miedo y nada asusta.
Viento, destruye con tu violento abrazo
la fuerza que construyó el dolor a su paso
pues es ahora enemigo, de mi voz sin sentencia.
Viento, mírame, abrázame
que no hay olvido, ni felicidad que alcance
a negarse en esta cuesta, donde la suerte fue echada
y en el campo, del otro lado, se sabe las flores crecen
y las plantas reverdecen.
Viento, sé que me susurras, y me miras
que borraste las heridas
las aflicciones y las dudas.
Viento, en tus brazos de ángel,
de estrella fugaz insaciable,
dejo mi destino errante.
Viento, la respuesta está en la cuesta,
te grito, porque quería perderme en lo incierto,
y en mi mente no hay más que fanqueza.
Es mi debilidad y flaqueza,
que suplican abrazadas a lo increíble,
es por ello que te grito, y me contestas,
lo que yo ya tengo por bien sabido.
Viento, con tu ráfaga de pureza,
me abraza la incesante brisa de la vida
y de la fuerza.
Viento, que me miras y no te miro.
En secreto nos hemos dicho,
lo que en voz ni en letras no se ha dicho.
Bárbara Camacho Ruedas
Dicharacheando ando....
Dicharacheando ando....
Today is friday. .

Hace mil viernes que no me detengo a éste espacio, ni a escribir, ni a soñar, ni a charlar con mis amigos. Hace mil viernes que parecen lejanos, y tan sólo el último fue la semana pasada, suena rídiculo pero es una realidad que en su momento fue cruda.
Hace mil viernes porque los viernes te buscaba. Venía aquí ansiosa, y presurosa a encontrarte, a leer letras que sanaban mi alma a veces, otros viernes fueron sólo tragedias. Hace mil viernes desde el día que te dejé, y te dije adiós. Entonces me sellé y tuve ¡tanto miedo! de no encontrarte nunca, otra vez, jamás; Porque la parte de mi que te idealizaba esperaba que le dijeras: No te vayas. Pero el orgullo es mucho más fuerte. Estúpida quizás mi idea, pero a veces el cariño es tan fuerte que nos supera, a veces no, a veces es diferente y aunque no lo dijerás, hasta ahora, puedo decir, estuvo bien; O así paso. No hay más.
Hoy he tenido la paciencia adecuada, he calmado mi ansia, mi desesperación, mi nostalgia hablándome en voz alta. Me escucho a mi misma, me creo, me hablo para no caer y para persistir, el camino ha sido largo, ha sido difícil, hay diferencias, yo no he tenido alguien que me coja la mano e intente sanar mis héridas, yo no, y a pesar de todo, hoy es viernes. Y estoy aquí, de pie, con la mirada al frente, porque lo he de conseguir: aprender a vivir sin tí sin una mueca de dolor o vivir contigo, pero sin dolor. Sin dolor.